• Julia

Rituales de escritura




¿Qué tal tu ritual de escritura? Las Marías tenemos unos muy muy variopintos. Yo, por ejemplo, escojo la primera hora del día, a partir de que abro mis ojos, para escribir. Me lavo la boca, pongo la greca en la estufa, y a lo que esta anuncia que ya me preparó el cafecito, equipo con lápiz y papel la mesita del balcón. Escojo el balcón porque mientras escribo me gusta levantar la vista y encontrarme a los otros extraterrestres madrugadores que pasan por mi calle, ya sea para hacer ejercicio o para pasear a sus perros.


La Antonia, por otro lado, también se levanta temprano, pero se va directamente al escritorio, y evita a toda costa cualquier tipo de distracción durante su hora de escritura. Estoy segura de que se lava la boca, pero el cafecito se lo prepara después de escribir, porque hacerlo antes supone tiempo. ¿Y la Teresa? A esa no la encuentran despierta al amanecer de Dios, a menos de que la obliguemos a fuerza de discusión. El ritual de la Tere ocurre más bien a última hora de la tarde, y no necesita cafeína, sino una cervecita o dos, y la radio prendida.


Y así, todos los escritores deberíamos tener rituales de escritura si queremos crear el hábito de escribir y ser más productivos. Para hoy, podemos hacer un listado de algunas cualidades que debe tener nuestro ritual, para que sea efectivo. Empiezo aquí abajito.


Un espacio cómodo

Como pudiste ver, el espacio donde llevo a cabo mi ritual no es el mismo que el de Antonia o Teresa. Esto es porque, claro, tenemos personalidades distintas. Así que a mí podría funcionarme tener un poco de ruido alrededor, pero a ti no. Estudia cuidadosamente qué espacio podría resultarte. ¿Tal vez estar en la cama?, ¿sentado en una almohada en el piso?, ¿el café de la esquina?


El equipo necesario

Antes de que te sientes en ese espacio cómodo y efectivo, asegúrate de que tienes a la mano todo lo que necesitas para escribir. Desde la radio, si quieres algo de música, hasta una vela si un olor neutro te ayuda en la ambientación. Si eres de los que prefiere lápiz y papel, ve por ellos antes de empezar. Si usas la computadora, no olvides el cargador.


Tiempo límite, a la hora adecuada

Ya sea en la mañana, así como yo, o en la tarde, así como la Tere, escoge ese momento del día donde estés segurísimo de que puedes enfocar toda tu atención a la escritura. Yo escojo la mañana porque no me pesa levantarme tempranito, y porque aún no ocurre mi rutina diaria, que muchas veces puede ser agotadora. Y dentro de ese momento del día que escojas, también establece un límite de tiempo. Parte de crear un hábito es marcar límites, ya sean diez minutos o una hora, para poder monitorear la productividad. Antonia es la experta estableciendo límites. Siempre sabe cuánto tiempo le queda, o cuánto más necesita, y no se mueve hasta que lo cumple.


Escribir y no editar

Nuestro ritual de escritura es para escribir, no para editar. Si Antonia puede ignorar su condición de editora cuando está en medio de su ritual de escritura, tú también puedes. Evita a como dé lugar regresar a eso que ya has escrito y limítate a terminar ese periodo de tiempo que ya estableciste. Si quieres, planifica otro ritual de edición, pero olvídate del 2x1.


Y por último, respeto a su nombre

El ritual se llama ritual porque se repite. Respeta su norma por excelencia y haz lo posible por llevarlo a cabo tal como lo planifiques. Claro, esto si quieres crear el hábito de escritura y ser productivo. Siempre existirá un día en que te levantes tarde y tengas que escoger llegar temprano al trabajo, en vez de hacer tu ritual, pero que no se vuelva costumbre. Si la Tere tiene un ritual de escritura, tú también puedes tenerlo. 🤓



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Y si sufres del bloqueo del escritor, ven con la Antonia.

Ella te dirá cómo desbloquearte.


La primera vez que intenté escribir una novela tenía quince años. Para ese entonces, lo que buscaba era imitar a mi escritora favorita y, más que innovar, quería recrear lo que para mí eran las mejores escenas nunca antes escritas. Aquella fue una muy buena primera práctica que no me convirtió en escritora publicada, pero me acercó al oficio del editor y, sobre todo, me enseñó que el bloqueo de escritor puede hacer que jamás terminemos una historia. Leer más





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