• Antonia

Personajes chuecos ante la autopublicación



Afuera será sábado, pero desde mi escritorio en el Estudio Editorial es cualquier otro lunes. Hace algunos minutos tenía las narices pegadas en uno de nuestros proyectos, una edición de contenido, pero antes de seguir barriendo y mapeando el manuscrito quise venir a chacharear contigo sobre los personajes chuecos. Ya sabes, esos que no se distinguen los unos de los otros, muy débiles y poco creíbles.

También se me ocurrió relacionar este problemón de las caracterizaciones flojas con el tema de la autopublicación. Desde que soy editora tengo la impresión, por no decir “la certeza”, de que la mala caracterización de los personajes aumenta ante la oportunidad de publicar por nuestra cuenta. Antes de regresar mis narices al trabajo que tengo sobre el escritorio, dejaré aquí mis teorías de la hermandad entre los personajes chuecos y la autopublicación.

1. No hay crítica constructiva


Aquí, con el cafecito de la tarde en mano, la primera teoría que me llega a la cabeza es la falta de crítica constructiva. Ya sea porque desconocen su importancia o porque no son buenos recibiéndolas, cuando los escritores deciden autopublicarse omiten la buena crítica que terceras personas pueden hacer a sus borradores. Y como no hay una editorial que los detenga, diciéndoles, “Antes de publicarte necesito que mejores tus personajes chuecos”, los autores escriben y publican a la misma velocidad, y el mismo día.

La crítica constructiva que hacen otras personas a tu manuscrito es esa que te para los pelos y te hace replantear el asunto de ser escritor. Esa crítica que los autores se están brincando es la que debería hacerlos ver cuando los personajes tienen desperfectos. Cuando un autor decide autopublicarse, indiscutiblemente tenga experiencia o esté verdecito, debe poner el punto final y exponer su manuscrito a otros ojos expertos. Tiene que mandarlo, pues, a un lector cero o a un editor. Estos son los seres humanos que, con sus buenos corazones, van a criticar la obra sin piedad. Ambas herramientas deben distinguirse por ser lectores ávidos y ser capaces de discernir entre una buena y una mala caracterización. Así, entonces, las tareas que hace un editor, de criticar una obra escrita para mejorarla, brilla por su ausencia cuando un autor escribe y publica sin freno.

2. “La ignorancia es atrevida”


Mi madre estaría contenta de saber que la traigo a las chácharas de sábado. Es ella quien me machacó una y otra vez que la ignorancia es atrevida y, bueno, mira nada más a dónde fue a parar su letanía. Otra razón por la cual la caracterización de un personaje queda chueca, y encima se hace pública, es porque el autor solo conocía sobre cómo sentarse a escribir, pero ignoraba lo que debía pasar antes de publicar su obra. Tal vez sabe que una editorial publica libros, pero no tiene idea de cómo lo hace ni de los dolores de cabeza que pasa. Cuando alguien de pronto le dice que puede irse a Amazon a imprimir un par de libros, allá va, sin freno, a publicar y vender el primer borrador de su manuscrito sin enterarse de lo que debió ocurrir antes. ¿Y qué debió ocurrir antes? Pues la edición de contenido.

La edición de contenido es parte del proceso editorial para publicar un libro, y para conocer sobre estos temas el escritor tiene que sentarse a investigar. Cuando lo haga, averiguará, por ejemplo, que un editor mejorará el contenido de esa novela y lo llevará de la mano para pulir la caracterización de los personajes. También sabrá que la calidad de su novela, y su nombre de autor, palidecen en ese instante en que va a Amazon a publicar una novela sin edición. Ante el desconocimiento del escritor sobre el proceso editorial, desaparece esto que estoy haciendo hoy, de meter mi nariz profesional en un manuscrito.

3. ¿No hay dinero? Pues tampoco autopublicación

Es común escuchar que un escritor no puede permitirse contratar a un editor. Aquí no me voy a andar con rodeos, y diré que si no pueden permitirse esto, entonces tampoco deberían permitirse la autopublicación. Al menos no de inmediato. Permitir una caracterización floja en los personajes porque “no tengo dinero para contratar a un editor”, no es excusa. ¿Recuerdas cuando guardabas $5 a la semana para comprarte la chuchería a fin de año? Pues esta vez harás lo mismo, pero para comprar una especie de seguro contra personajes chuecos.

La autopublicación es una decisión que toma un autor luego de saber cuánto le costará y con cuánto dinero cuenta. Poner en riesgo la calidad de la publicación por aferrarnos a publicar cuando no contamos con los recursos económicos, es, agarrémoslo por donde lo agarremos, una mala idea. El personaje chueco, una vez se haga público, acompañará para siempre el nombre del autor. ¿Vale la pena dejar esa mancha por el apuro? Julia siempre recomienda durante sus asesorías que, si eres un autor que quiere autopublicarse, busques a un editor y le preguntes cuánto cobra. Entonces, haces un plan de ahorro para contratarlo luego.


--

Y en resumen, mis teorías sugieren que el problema no es la autopublicación, sino el (mal)uso que hacen de esta. Y sí, ya sea por vagancia, por desinformación o por falta de ahorros, el autor se está saltando la crítica constructiva que mejora los personajes chuecos y está yendo directo a Amazon a publicar sus libros. Al final, valga decir, lo que está presentando a sus lectores, es, precisamente, eso mismo: una obra chuequísima.


Amazon y su plataforma de autopublicación no se irán a ningún lado. Suma, resta, multiplica y divide y contrata un profesional que meta sus narices en tu obra. A eso me voy ahora. ¡Feliz sábado laboral!

70 vistas1 comentario

© 2020