• Antonia

Las que barren y mapean un manuscrito



La corrección de un manuscrito no debe terminar nunca. Ni cuando este se convierta en libro, ni cuando se publique, ni cuando el lector lo compre, ni cuando pasen mil años y se reedite. Para nosotras Las Marías, y sobre todo para mí, que soy la editora de este terceto bastante afinado, la corrección es un regalo que se le hace a la obra escrita, que aumenta su valor cada vez que ocurre.


Entiendo, sin embargo, que, si somos realistas, no podemos pasarnos toda la vida encima de un manuscrito haciéndole regalos. También, no todos pueden permitirse contratar un profesional más de una vez, para que rebusque y rebusque en el texto. Partiendo, sobre todo, de esta última línea, quiero hablarles entonces de las cuatro correcciones mínimas que se encargan de barrer y mapear muy bien un manuscrito, antes de que este se haga público.


1. Edición de contenido

Ya la Julia habló sobre esta masacre, uno de esos sábados de mayo. Es la primera intervención que debe superar un manuscrito, así que ocurre luego de que el autor pone el punto final (y se lo pasó a un lector cero). La misión es revisar el contenido, más que la gramática y la ortografía. Esto no quiere decir que el corrector no corregirá cualquier pajita que se encuentre en el camino, sino que se programará más bien para estudiar y mejorar la estructura de la obra y la presentación de los personajes y la trama.


2. Corrección de estilo

Y cuando ya el contenido está más que listo, y nada se alterará ni en la trama, ni en los personajes, ni en el narrador... entonces es que llega la corrección de estilo. Contrario a lo que sugiere su nombre, esta corrección no toca el estilo del autor, sino más bien la gramática a profundidad. También se asegura de que la obra se presente en la voz adecuada (que el personaje japonés, por ejemplo, no suene a puertorriqueño), que el vocabulario se emplea en su mejor expresión, que la sintaxis no está coja, que el manual de estilo se aplica, entre muchos otros menesteres más.


3. Corrección ortotipográfica

Cuando la corrección de estilo ocurre, se toman muchas decisiones que alguien más debe verificar que sí se cumplan, y esto lo hará el corrector ortotipográfico. Este no buscará errores de gramática, ni si hay algún personaje chueco, sino más bien corroborará si "solo" lleva o no lleva tilde, que el signo de % está separado del numeral, que los números están en palabras... Todo esto, según las decisiones que se tomaron en la corrección de estilo. La corrección ortotipográfica siempre me ha tenido pinta de una intervención más bien técnica. Esa última barrida que se le da a la obra para corroborar que todo está en orden, antes de pasarle el manuscrito a la Teresa, para que esta lo convierta en libro.


4. Corrección de prueba

Y cuando la Teresa hace la maquetación del manuscrito (entiéndase, lo convierte en libro) entonces hay que hacer una corrección de prueba. Siempre recomiendo que esta corrección se realice en un ejemplar de prueba impreso, en vez de en ese PDF del interior del libro que envía el diseñador editorial. La versión impresa ofrece un escenario distinto que permite encontrar nuevas mejoras que no se vieron antes en la versión digital. También, una de las misiones de esta corrección es mejorar la experiencia de lectura y verificar la calidad de la impresión, así que con el ejemplar a la mano, el corrector podrá echar un vistazo a los márgenes y a cómo se distribuye el texto a lo largo de todo el libro.


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Y con estas cuatro correcciones el libro debería darse por bien cuidado. Insisto en que no son las únicas que se le hacen a un manuscrito, pero sí son las vitales, y cubren las diferentes etapas que traspasa un libro. No es por seguir machacando con lo mismo (o sí😅), pero por cada corrección que no exista, aumentan las posibilidades de que al manuscrito se le quede una mota de polvo por alguna esquina.



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