Corrector profesional: ¿Dónde notamos su presencia en el libro?

Actualizado: 24 ene




Aquí Antonia.


Se dice por ahí que para muchos lectores la figura del corrector es imperceptible en una obra bien cuidada. Y algo hay de razón. Es decir, ¿quién los va a recordar si no se encuentran horrores, errores y erratas durante una lectura?


Sí, aquí afloran los sentimientos encontrados, lo sabemos. ¿Y cómo no, si para que una obra quede impecable hay que sacrificar la existencia de una de las figuras clave en la vida del libro? Para aportar un poco más, o un poco menos, a este drama, Las Marías hoy queremos abogar por las superestrellas de la palabra escrita. Venimos por aquí a hablar sobre esos rincones donde puedes hallar al corrector profesional, mientras lees tu novela de turno:


En la salud de tus pulmones

Te encontraste con un párrafo corto aquí, otro párrafo largo por allá. Una oración larga inicia, pero una corta te espera más adelante. Es posible que el balance en la construcción de los párrafos y las oraciones también sea obra de un corrector profesional. Estos ayudan a que la lectura tenga un buen ritmo, y, como consecuencia, podemos respirar saludablemente. (OJO: esto no aplica a las obras de autores que se inspiran en Proust ni en Tolstoy ni en sus demás compadres).


En las oraciones con pies y cabeza

El buen empleo de la gramática se dejó notar a través de toda la obra. Sujeto, verbo y predicado bailaron al son que les correspondía. ¿Casualidad? Las Marías decimos que no.


En el vocabulario acertado

¡Qué bárbaro! ¡Cuántas palabras maravillosas conoce este autor y cuán bien puestas están! Sí, puede ser… claro que sí. Pero, oye, también hay una alta posibilidad de que el diccionario viviente llamado “corrector profesional” haya solicitado reemplazar una palabra por otra, con el objetivo de enriquecer el vocabulario de la obra.


En la falta de redundancias

Si no te rechinó la aparición de la misma palabra en un mismo párrafo, quiere decir que por ahí estuvo la presencia de un corrector profesional. Las Marías podemos imaginarlo claramente durante su faena, pregonando a todo volumen: “¡Se buscan sinónimos! ¡Se buscan sinónimos!”.


En las erratas inexistentes

Si lo pensamos bien, un corrector profesional se esconde en la puntuación cuidada, en las tildes bien puestas, en el buen uso de la b y la v, de la c y la s... Las erratas son una plaga que pueden traernos la imagen del corrector en cualquier momento. Si no te tropezaste con alguna de estas, entonces un corrector profesional estaba cuidando tus pasos.


En esas palabras malsonantes que no nos distraen

Durante la lectura, ¿alguna vez te distrajo la palabra “espectáculo”, cuando sus últimas dos sílabas cayeron al inicio de la próxima oración? Si sí, entonces te acordaste del corrector durante esa lectura. Un corrector profesional cuida que la división silábica a inicio y final de línea no distraiga a un lector, cuando de casos curiosos se trata.


En las viudas que vuelven a casarse;

en las huérfanas que encuentran familia extendida

Aquí hablamos de las líneas huérfanas y viudas que a veces suelen colarse durante la maquetación del interior del libro. Si no conoces estas líneas, muy posiblemente es gracias a un corrector profesional, que se encarga de encontrarles compañía durante la corrección de prueba. Sí, amigo lector, un corrector se toma todas estas molestias, para que tengas una experiencia de lectura muy agradable.



Como ves, son varios los escondites donde habita un buen corrector. Si no has tenido la oportunidad de pensar demasiado en ellos, quiere decir que has dado con libros bien cuidados, en donde los ojos del corrector profesional pasearon de arriba abajo, varias veces.


Con todo y los sinsabores que nos deja la idea de que vivan en las sombras, deseamos que los correctores profesionales sigan pasando desapercibidos por nuestros libros. Larga vida, pues, a estos seres que no se ven, pero existen.



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La investigación:

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